sábado, 25 de julio de 2020

¿Qué se escribe?





              Qué se escribe...

El ser humano ha codificado y clasificado todo, o por lo menos, lo que ha conocido.                     
Entonces, se le ocurrió escribir drama, sátiras, cuentos, comedias, fábulas, epopeyas, canciones, odas, épicas, cuentos, entre otras muchas...

Y siendo una gran mescolanza de luces adheridas al cuerpo, de ellas, todo lo hemos resumido en dos orillas: El Eros y el Tánatos, la luz y la oscuridad, el blanco y el negro; un dualismo, al que hemos reducido la vida.

No sabemos nada y sabemos todo.

Nos reconocemos,
Nos apropiamos y
Nos mostramos a otros.

Caminamos
Respiramos
Lloramos
Amamos y,
Nos silenciamos,
Todos los días
En círculos,
Cuadrados y
Triángulos...

Y entonces,

¿Qué realmente se escribe?



Pintura: Universum
Camille Flammarion
1888
Francia


Yis.

martes, 14 de abril de 2020

El amor.


Inspiración de los seres humanos en toda su existencia reflexiva,  por ello en nuestros tiempos, nos permitimos seguir re-significando su concepto a pesar de las flexibilidades y diversas posibilidades actuales, que nos llevan a seguir buscando respuestas.

Es así como les dejamos este vídeo del canal La Pensadera Digital en el que se propende por analizar las realidades que el ser humano se inventa para sobrevivir y existir.


Bon Appétit

viernes, 27 de marzo de 2020

¿Qué tiene por decirnos la filosofía frente a este tema mundial: Covic - 19?





Promoción de Lectura: Del paganismo al Cristianismo

La cultura nos hace humanos y ésta sólo es posible si se mantiene en movimiento. La lectura es una de las más eficaces promotoras de la alta cultura- esto es, de la cultura que nos hace mejores seres humanos...

Aquí abajo, encontrarás el link para que te sumerjas en nuestras lecturas




FELICIDAD CLANDESTINA
Clarice Lispector

Ella era gorda, baja, pecosa y de pelo excesivamente crespo, medio amarillento. Tenía un busto enorme, mientras que todas nosotras todavía eramos chatas. Como si no fuese suficiente, por encima del pecho se llenaba de caramelos los dos bolsillos de la blusa. Pero poseía lo que a cualquier niña devoradora de historietas le habría gustado tener: un padre dueño de una librería.
No lo aprovechaba mucho. Y nosotras todavía menos: incluso para los cumpleaños, en vez de un librito barato por lo menos, nos entregaba una postal de la tienda del padre. Encima siempre era un paisaje de Recife, la ciudad donde vivíamos, con sus puentes más que vistos.
Detrás escribía con letra elaboradísima palabras como “fecha natalicio” y “recuerdos”.
Pero qué talento tenía para la crueldad. Mientras haciendo barullo chupaba caramelos, toda ella era pura venganza. Cómo nos debía odiar esa niña a nosotras, que éramos imperdonablemente monas, altas, de cabello libre. Conmigo ejerció su sadismo con una serena ferocidad. En mi ansiedad por leer, yo no me daba cuenta de las humillaciones que me imponía: seguía pidiéndole prestados los libros que a ella no le interesaban.
Hasta que le llegó el día magno de empezar a infligirme una tortura china. Como al pasar, me informó que tenía Las travesuras de Naricita, de Monteiro Lobato.
Era un libro gordo, válgame Dios, era un libro para quedarse a vivir con él, para comer, para dormir con él. Y totalmente por encima de mis posibilidades. Me dijo que si al día siguiente pasaba por la casa de ella me lo prestaría.
Hasta el día siguiente, de alegría, yo estuve transformada en la misma esperanza: no vivía, flotaba lentamente en un mar suave, las olas me transportaban de un lado a otro.
Literalmente corriendo, al día siguiente fui a su casa. No vivía en un apartamento, como yo, sino en una casa. No me hizo pasar. Con la mirada fija en la mía, me dijo que le había prestado el libro a otra niña y que volviera a buscarlo al día siguiente. Boquiabierta, yo me fui despacio, pero al poco rato la esperanza había vuelto a apoderarse de mí por completo y ya caminaba por la calle a saltos, que era mi manera extraña de caminar por las calles de Recife. Esa vez no me caí: me guiaba la promesa del libro, llegaría el día siguiente, los siguientes serían después mi vida entera, me esperaba el amor por el mundo, y no me caí una sola vez.
Pero las cosas no fueron tan sencillas. El plan secreto de la hija del dueño de la librería era sereno y diabólico. Al día siguiente allí estaba yo en la puerta de su casa, con una sonrisa y el corazón palpitante. Todo para oír la tranquila respuesta: que el libro no se hallaba aún en su poder, que volviese al día siguiente. Poco me imaginaba yo que más tarde, en el curso de la vida, el drama del “día siguiente” iba a repetirse para mi corazón palpitante otras veces como aquélla.
Y así seguimos. ¿Cuánto tiempo? Yo iba a su casa todos los días, sin faltar ni uno. A veces ella decía: Pues el libro estuvo conmigo ayer por la tarde, pero como tú no has venido hasta esta mañana se lo presté a otra niña. Y yo, que era propensa a las ojeras, sentía cómo las ojeras se ahondaban bajo mis ojos sorprendidos.
Hasta que un día, cuando yo estaba en la puerta de la casa de ella oyendo silenciosa, humildemente, su negativa, apareció la madre. Debía de extrañarle la presencia muda y cotidiana de esa niña en la puerta de su casa. Nos pidió explicaciones a las dos. Hubo una confusión silenciosa, entrecortado de palabras poco aclaratorias. A la señora le resultaba cada vez más extraño el hecho de no entender. Hasta que, madre buena, entendió al fin. Se volvió hacia la hija y con enorme sorpresa exclamó: ¡Pero si ese libro no ha salido nunca de casa y tú ni siquiera querías leerlo!
Y lo peor para la mujer no era el descubrimiento de lo que pasaba. Debía de ser el horrorizado descubrimiento de la hija que tenía. Nos espiaba en silencio: la potencia de perversidad de su hija desconocida, la niña rubia de pie ante la puerta, exhausta, al viento de las calles de Recife. Fue entonces cuando, recobrándose al fin, firme y serena, le ordenó a su hija:
-Vas a prestar ahora mismo ese libro.
Y a mí:
-Y tú te quedas con el libro todo el tiempo que quieras. ¿Entendido?
Eso era más valioso que si me hubiesen regalado el libro: “el tiempo que quieras” es todo lo que una persona, grande o pequeña, puede tener la osadía de querer.
¿Cómo contar lo que siguió? Yo estaba atontada y fue así como recibí el libro en la mano. Creo que no dije nada. Cogí el libro. No, no partí saltando como siempre. Me fui caminando muy despacio. Sé que sostenía el grueso libro con las dos manos, apretándolo contra el pecho. Poco importa también cuánto tardé en llegar a casa. Tenía el pecho caliente, el corazón pensativo.
Al llegar a casa no empecé a leer. Simulaba que no lo tenía, únicamente para sentir después el sobresalto de tenerlo. Horas más tarde lo abrí, leí unas líneas maravillosas, volví a cerrarlo, me fui a pasear por la casa, lo postergué más aún yendo a comer pan con mantequilla, fingí no saber dónde había guardado el libro, lo encontraba, lo abría por unos instantes. Creaba los obstáculos más falsos para esa cosa clandestina que era la felicidad. Para mí la felicidad siempre habría de ser clandestina. Era como si yo lo presintiera. ¡Cuánto me demoré! Vivía en el aire… había en mí orgullo y pudor. Yo era una reina delicada.
A veces me sentaba en la hamaca para balancearme con el libro abierto en el regazo, sin tocarlo, en un éxtasis purísimo. No era más una niña con un libro: era una mujer con su amante.


jueves, 28 de marzo de 2019

Filosofía de la India-Upanishad


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La tradición Veda tiene mucho de sabia y, en ese sentido, mucho de lógica- si por lógica entendemos un discurso que expresa coherencia y argumentación. He aquí un fragmento de la tradición Veda, especialmente de los libros Upanishad, que significa en sánscrito, sentarse más abajo de alguien para aprender de él.

De este antiguo libro, las más bellas palabras.


En el comienzo, querido, este mundo fue sólo Ser (Sat), sólo uno, sin un segundo. Algunos opinan: En el comienzo, el mundo fue sólo No ser (asat), sólo uno, sin un segundo; desde el No ser surgió el Ser.

Pero pienso, querido, ¿cómo pudo ser esto?¿cómo pudo el Ser emerger del No ser? Por el contrario, querido,en el comienzo fue sólo el ser”
Chandogya upanishad




Es innegable la semajanza que guarda con el filósofo Parménides. Es posible pensar en la influencia de los hindues sobre los griegos que, a juzgar por la situación periférica de estos últimos, recibieron sentados las enseñanzas de los Vedas. Siendo los Upanishad la etapa final de su tradición y conocidas como Vedanta ("conclusión de los Vedas) La tradición oral guardaría en la memoria las enseñanza de los gminosofistas-hombres desnudos, como llamaban los griegos a los provenientes de la India o Persa- Siglos después, los propios escribientes brahamanes inmortalizarían en palabra escrita su tradición milenaria.

miércoles, 27 de marzo de 2019

Del mito adámico y prometéico


Sindéresis- del mito adámico y prometéico

El pretendido antagonismo entre mito y logos se desvela como falso si se muestra la función social que cumplen los mitos en la vida humana y, sobre todo, en las concepciones del mundo, de la vida, de los seres humanos y del cosmos.
Acompáñenos en este breve recorrido por lo mitos adámico y prometéico, buscando qué tienen de lógico y cómo se han articulado en la especulación científica.